5 Mirad, pues, con cuidado, cómo os comportáis; no como imprudentes sino como prudentes, 16 redimiendo el tiempo, porque los días son malos.
Efesios 5:15
Muchas veces he escuchado la expresión y tal vez yo misma en algún momento lo pensé así “ estoy muy joven o no estoy preparado todavía para ser cristiano”. Como si fuera un asunto de etapas en la vida por quemar.
Leo este verso y trato de aplicarlo a mi vida, trato de pensar en lo que Dios desea enseñarme cuando dice que sea prudente, teniendo en cuenta que los días son malos. He descubierto que es un privilegio servirle a Dios, estar bajo su cobertura y ser un ejemplo vivo de El, esta condición nos inspira a volcar todo nuestro comportamiento según sus normas, y esto trae como consecuencia el librarnos y avisarnos del mal y de hecho ser de testimonio para quienes nos observan.
Hace días recibí una noticia que conmovió mi corazón al extremo, se trataba de la muerte de un joven, amigo de mi hermano, con quien en pocas ocasiones compartí. Su muerte fue inesperada y me atrevo a decir que a destiempo, sin embargo cuando me enteré, empecé a sentir un gran dolor y gran angustia por lo sucedido, no dejaba de pensar en los momentos desperdiciados por mi, en los que pude hablarle de Cristo y no lo hice. Esto me ha quitado el sueño, y me hecho sentir avergonzada. Ya han pasado algunos días y esa angustia, ese peso y cargo de conciencia aún me atormenta. Qué imprudente fui, cuánto tiempo perdí!
Lamentablemente no puedo volver atrás, no puedo cambiar las cosas que ya pasaron, pero he decido que cada instante de mi vida quiero y voy actuar con prudencia, no creo que esto me vuelva a pasar de nuevo, no creo que vuelva a perder el tiempo de esa forma.
Aceptar a Cristo como tu Salvador, no importando la edad que tengas, ni lo que a tu juicio creas que te falta por hacer, es un acto total de prudencia. Con El No estás desperdiciando tu tiempo, con El lo estas ganando, redimiendo, lo estas salvando.